"Hay olor a cala en la redacción". La ironía del momento por estos lares llega de un forajido ajeno al sentimiento de Atlético y San Martín. Pero el chabón la caza al vuelo, como Superman. Este lunes no es un lunes cualquiera. Los dos bandos están recontra divididos. Demasiado. Es día de fiesta, de algarabía para aquel que hace uso y abuso de la eternidad comprada el domingo contra River. El hincha de acá y allá, envalentonado con esa chomba celeste y blanca, se siente Dios. Y agita a la contra, a su contra; al amigo de La Ciudadela sin piedad. La crisis de uno y el éxtasis del otro abren una grieta demasiado amplia. Es un mundo. Hay amenaza de tormenta, de caras largas, porque el honor añejo de los defensores rojiblancos está herido, por el piso. No se izará la bandera blanca de la paz. No, no. Sólo habrá vencedores y vencidos. Se solicita un vendedor de sahumerios. Hay que disimular el olor de cala.